La escudilla contiene su último alimento.
Es de noche y en el cascarón de jade
sólo hay un sorbo de vino.
Comeré y beberé despacio, para tener la fuerza
de quien mira un árbol por primera vez.
Por tu amor estoy dispuesto a decir la palabra más trivial.
Mi casa está limpia y resplandece.
Despierto, y cada amanecer es un vaso de porcelana que se ocupa con lentitud.
Amor es como Tao, que llena todos los vacíos.
El arreglo floral, sobre mi mesa,
abarca la totalidad del jardín.
El campesino, ante su felicidad, grita ¡Mala cosecha!
para confundir a los Seis Diablos del Cielo.
Pero, ¿quién temería al tigre, siendo elefante?
Un hombre enamorado nunca será un astuto guerrero,
ni un gran sabio, ni un buen poeta.
En el desván hay un arpa
sellada con ideogramas.
Es preciso usarla con precaución,
pues contiene una nota aguda
que separa al hombre de la mujer.
Chirlos:
en el culo,
la cara, la espalda.
Las tetas no,
aunque te mueras de ganas.