Cuando uno escucha el desorden busca, con el oído, el orden, ordenar. Busca pequeños órdenes en el caos (siempre hay), espacios chiquitos, totalmente dispuesto a aceptarlos como propios. Elige vivir ahí, y ya ni siquiera esos espacios son los favoritos. Después de tiempo las personas los empiezan a creer lo único, se olvidan del caos primero. Por eso hablamos con lenguaje y tenemos opiniones o las cosas tienen sentido. Porque tenemos miedo del desorden.
Aceptando a ese desorden como la realidad se invalida esto que estoy escribiendo ahora porque es lenguaje y opinión y orden: es imaginario: chiste. Es un espacio que el oído quiso ordenado en un absoluto que en realidad es desorden nada más. Pero eso es entender. Esto es legible. Del absoluto: entendemos solamente los chistes. Acá no se puede hablar en serio, en el medio de las leyes que me invento.