Hizo falta, o
necesité
perder
a mis hombres; ellos tenían razón
y yo también tenía razón,
se fueron y creí
que lo había arruinado todo.
Llegué a esta ciudad
hace cinco años:
mi primera noche
coincidió con mi cumpleaños
y nadie vino
a visitarme.
Ellos tenían razón
y yo también tenía razón,
no soporté el dolor
de aprender algo nuevo; a una casa
no le dan sentido sus paredes su techo sus materiales
sino su vacío dentro,
lo mismo pasa con las personas.
Pasó mucho tiempo.
Leí libros, miré películas, me hice alcohólico y me curé
y como en fitzcarraldo encontré personas
que me ayudaron gratis.
Cuando se fueron yo me terminé de convencer,
lo arruiné, ahora
que estoy solo (con esta lluvia no puedo ir a los bares)
voy a aburrirme
mal.
Y estoy
terminado de convencer.
En una época
me hice el intelectual,
después
me hice el profundo,
después
el sensible, el buena persona,
y ahora me hago
el enamorado y el orientalista
también
el borracho, el drogadicto.
La verdad es que me aburro de todo,
con distintas velocidades pero de todo.
Y que no le creo a nadie.
De podrido
podré pasar a maduro
y enverdecer?
Ahora quiero que los pájaros
entren y salgan de mi casa
por mi ventana gigante
y cantar, solo, a los gritos
creyendo que canto como un pájaro
y hacer así con los brazos
saltando arriba de la mesa
como el final de fitzcarraldo,
un hombre sintiendo placer.